Un fondo de inversión es un vehículo gestionado por un equipo de profesionales que decide qué comprar y qué vender dentro de una cartera. Tú aportas dinero, ellos invierten. A cambio, cobran una comisión de gestión anual.
Un ETF (Exchange Traded Fund, o fondo cotizado) funciona de forma similar en la superficie, pero con dos diferencias importantes: cotiza en bolsa como si fuera una acción, y en la mayoría de los casos replica automáticamente un índice, como el S&P 500 o el IBEX 35. No hay gestor que elija: el fondo simplemente sigue al índice.
Esta es la gran promesa de la gestión activa. Y no es mentira: hay gestores que baten consistentemente a su índice de referencia. El problema es que son difíciles de identificar de antemano, y su rendimiento pasado no garantiza el futuro.
Los datos son bastante contundentes: más del 80% de los fondos activos no superan a su índice de referencia en periodos de 10 o más años, una vez descontadas las comisiones. Pero ese 20% restante existe, y puede marcar una diferencia muy notable para quienes saben dónde buscar.
Aquí los fondos de inversión tienen un argumento muy sólido para el inversor español: el traspaso entre fondos no tributa. Puedes mover tu dinero de un fondo a otro sin pasar por Hacienda hasta el momento del reembolso final.
Con los ETFs esto no funciona así. Cada vez que vendes un ETF con ganancias, pagas IRPF en ese momento. Para estrategias a largo plazo con muchos movimientos intermedios, esta diferencia fiscal puede ser muy relevante.
Clave fiscal: Si tu estrategia implica cambios periódicos de exposición o reasignación de activos, los fondos tradicionales tienen una ventaja fiscal real frente a los ETFs en España.
Entonces, ¿cuál es mejor?
Para la mayoría de inversores que empiezan, que quieren simplicidad y que van a mantener su inversión a largo plazo sin muchos cambios, un ETF indexado de bajo coste es probablemente el punto de partida más sensato. No depende del talento de ningún gestor, las comisiones son mínimas y el resultado histórico medio supera al de la mayoría de fondos activos.
Pero los fondos activos no están muertos. Para perfiles con asesoramiento profesional, para estrategias temáticas o para quienes valoran el escudo fiscal del traspaso, pueden convivir perfectamente con los ETF en una misma cartera.
El error más común no es elegir uno u otro. El error es elegir un fondo activo caro y mediocre cuando hay ETF baratos y eficientes haciendo exactamente lo mismo.
El presente contenido tiene carácter meramente informativo y promocional y no constituye una recomendación personalizada ni asesoramiento en materia de inversión. La inversión en instrumentos financieros conlleva riesgos, incluida la posible pérdida total o parcial del capital invertido. Antes de invertir, se recomienda analizar si el producto es adecuado a su perfil de riesgo. Las rentabilidades por dividendo indicadas son orientativas y pueden variar en función de la evolución del mercado y de las decisiones de cada compañía. El pago de dividendos no está garantizado y puede ser reducido o eliminado