Un análisis de contribución, que desglosa de dónde sale la rentabilidad de un índice, apunta a una respuesta incómoda. Nvidia aportó por sí sola 1,57 puntos porcentuales de ese avance. Con un peso cercano al 8%, hasta una subida moderada se nota en el índice, y también se notaría una caída. Apple, que junto a Nvidia suma casi el 16% del S&P 500, es la segunda mayor contribuyente, y las dos suben alrededor de un 20% este año. Amazon, Microsoft y Alphabet avanzan entre un 10% y un 12% cada una.
La parte negativa también aparece este año. Meta cierra la lista de las veinte mayores contribuciones y Tesla es, con diferencia, la última de las Siete Magníficas, con una caída cercana al 15%. Un solo dato invita a mirar el índice con otros ojos: 100 de las 500 compañías, el 20% del total, retroceden este año.
El mercado descansa, por tanto, en muy pocos protagonistas, casi todos ligados al universo de la inteligencia artificial, que implica mucho gasto realizado en anticipación de una monetización futura. Cuando tan pocos valores pesan tanto en un índice, el movimiento al alza tiene su espejo a la baja.
¿Burbuja? Hay analistas que ven un parecido con la de las puntocom, incluso más acusado. Aquella campaña presidencial de 2000 giraba en torno a cómo gastar el superávit; hoy la deuda de EE. UU. ronda los 40 billones de dólares. Los escenarios son tres: que la concentración siga dominando, que llegue por fin la ampliación del mercado que tantos expertos anuncian o que la debilidad que muestran cientos de gráficos se contagie a las acciones de IA. Nadie sabe con certeza cuál se impondrá.
Una forma de comprobarlo es comparar el SPDR S&P 500 UCITS ETF, cotizado en Xetra, con indicadores de amplitud: el S&P 500 de pesos iguales, una cesta equiponderada de las 1.000 mayores compañías y dos ETF que excluyen el 20% más grande del índice, desde el 2 de junio. El contexto tampoco invita a la calma. La guerra de Irán sigue abierta, la energía continúa siendo un problema y los rendimientos de los bonos se han movido entre 60 y 70 puntos básicos en ese periodo. Con rendimientos del Tesoro por encima del 5% a partir de los cinco años, la renta fija vuelve a competir con las acciones. Hoy mismo, el IPC de septiembre ha llevado el bono a 2 años hasta el 4,92%, y el 10 años cotiza en el 5,32%.
Queda una pregunta abierta: ¿mide el índice que casi todos usan como termómetro el estado de la economía o la apuesta de unos pocos valores? Quizá ya no se trate de un mercado de acciones, sino de una única operación de IA, de apetito o de aversión al riesgo.